¿Qué sigue después de las elecciones de hoy?

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Una vez que las casillas cierren y fluyan los datos del PREP la noche del 4 y la madrugada del 5 de junio, ¿qué va a pasar en el Estado de México, Nayarit y Coahuila?

Una vez que las casillas cierren y fluyan los datos del PREP la noche del 4 y la madrugada del 5 de junio, ¿qué va a pasar en el Estado de México, Nayarit y Coahuila? ¿Qué va a pasar en este país? Veracruz es caso aparte, por tratarse de elecciones municipales. 

Empecemos por Nayarit. Los prospectos electorales y el sentir de la gente señalan que ganará la alianza PAN-PRD y que Antonio Echevarría va a ser el siguiente gobernador. La victoria va a ser lo suficientemente holgada como para dar por terminado el proceso electoral al finalizar el cómputo y se cumplan con todos los requisitos para validar la elección. 

El hoy gobernador Roberto Sandoval difícilmente evitará la persecución judicial, al menos por enriquecimiento ilícito, y después por crimen organizado. Probablemente buscará solicitar licencia anticipada al cargo para desaparecer de escena y evitar caer en manos de la justicia. Lo malo para él es que, en vísperas de una elección presidencial, no vendría mal al gobierno desembarazarse de un sujeto que no forma parte del grupo peñista y que puso en ridículo la estrategia de combate antidrogas del gobierno mexicano frente a Estados Unidos… El caso Veytia es prácticamente un yunque en las espaldas de Sandoval. 

En Coahuila, parece probable que gane el panista Guillermo Anaya Llamas. La encuesta de Hora Cero —la misma empresa que pronosticó la victoria de Jaime Rodríguez El Bronco en Nuevo León— indica que Anaya tiene 33% de las preferencias electorales frente a 29% del priista Riquelme. Ya desde marzo, Consulta Mitofsky publicó en esta casa editorial, que Anaya era el candidato favorito, la encuesta de GCE avala el resultado. Según El Financiero, ­ganará el priista. La clave del triunfo está en los indecisos… 

Edomex: la moneda está en el aire 

En el Estado de México la moneda está en el aire. Las encuestas indican un empate técnico entre Alfredo del Mazo y Delfina Gómez, salvo El Financiero y La Razón que marcan una distancia enorme entre ambos, a favor de Del Mazo. Algunas encuestas ubican a Delfina en segundo lugar, siempre en ascenso con respecto a las anteriores mediciones (El Universal, El Heraldo de México). Otras, la sitúan ligeramente por encima del priista (Cisen, Reforma, SDP, Mitofsky/El Economista, Indicadores SC). Las encuestas pueden dar una idea aproximada, pero la realidad la sabremos la misma noche del 4 de junio cuando empiecen a fluir los resultados del PREP y sepamos el comportamiento de indecisos, el índice de abstención y la actuación de las maquinarias electorales extrapartidos. 

Por lo pronto hay dos escenarios tendenciales posibles: que gane Alfredo del Mazo o que gane Delfina Gómez, victoria seguramente dentro de un margen menor de 4%; es decir, dentro del margen del error y en la zona del empate técnico. Un voto más es, quiérase o no, la victoria para uno o para otro. Ello, junto con la posibilidad de fraude, explica los reiterados llamados de López Obrador para que el resto de los partidos de izquierda se sumen a Delfina.

En el primer escenario, que gane el abanderado del PRI/PVEM/PANAL/PES significa un respiro para el presidente Peña y su equipo. Podrán tener un mayor margen de maniobra de cara a la elección presidencial y, más que nada, tendrán el santuario que requieren para afrontar la inexorable debacle nacional del PRI, demostrando que son aún una fuerza electoral efectiva en la entidad que aporta mayor número de electores en todo el país, 13.3% de todo el padrón. Así, la fuerza del PRI en el 2018 será su papel de fiel de la balanza, con lo que podrá negociar con el candidato presidencial ganador, sea éste de la alianza PAN-PRD, o López Obrador, o un independiente, en su caso.

El problema va a ser que si no hay una victoria contundente del PRI por más de 5 puntos porcentuales, la elección se va a judicializar. Pedro Zamudio, el consejero presidente del Instituto Electoral del Estado de México, consideró que los resultados de la elección podrían ser con una diferencia entre el primero y segundo lugar de 1% o menor. En ese caso, vendrá la impugnación, porque Morena y su candidata tienen que dar la impresión de que efectivamente ganaron.

Para AMLO, judicializar el resultado electoral le sería funcional para mantenerse en el escenario hasta el arranque de la campaña presidencial. Por eso, la respuesta tendencial a este escenario es iniciar un contencioso que, pasando por el recuento de votos, probablemente terminará por validar el resultado favorable a Del Mazo, si no se presentan ante la autoridad electoral local y posteriormente a la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación pruebas irrefutables, contundentes y tan claras de fraude electoral —gastos de campaña por encima de 5% del monto estipulado, compra de cobertura en medios por encima de lo permitido legalmente, utilización de recursos públicos o de procedencia ilícita— que puedan anular la elección (en la elección extraordinaria no puede participar el contendiente sancionado) o comprobar que Delfina efectivamente ganó. Si la diferencia a favor de Del Mazo supera 5 puntos, este escenario es inviable.

Como sea Andrés Manuel López Obrador, gane o pierda Delfina, ya ganó. Si la autoridad judicial electoral determina que Del Mazó ganó, López Obrador va a esgrimir el argumento del fraude a manos de la “mafia del poder”; como siempre, su estrategia será victimizarse. Seguramente convocará a marchas y plantones, pero al momento de que se dé un veredicto, o quizás antes, dejará de interesarse en el Estado de México para atender a su propia campaña presidencial.

El segundo escenario tendencial es que ­Delfina gane y que el PRI judicialice la elección, pero, al final, acepte los resultados, después de unos dramas internos fenomenales, que implicarían una purga e intentos de refuncionalizar al partido que no se vislumbran prometedores. 

Este escenario tiene implicaciones a nivel nacional, el primero y más importante es que Morena se fortalece gracias al repudio al PRI y a Peña Nieto en el Estado de México. Este escenario anunciaría el inicio del fin del PRI. 

Al mismo tiempo, será un acicate para que el PRD y el PAN consoliden su alianza para las presidenciales y también será el banderazo de salida para las candidaturas independientes. En el PRI se barajan varios precandidatos —­José Narro, José Antonio Meade, entre otros— aunque ninguno de los posibles garantiza que los ciudadanos voten mayoritariamente por el tricolor. Los errores de este gobierno se pagarán muy caros. Un candidato común perredista/panista se ve difícil, aunque no imposible. Puede ser que el PAN postule a un candidato y el PRD se sume, a menos de que refuncionalicen a Juan Zepeda, que resultó ser un gran candidato, y que el PAN se sume a su candidatura.

Hay varios candidatos independientes, el más interesante es Armando Ríos Piter. Guerrerense, experredista, itamita, abogado por la UNAM, maestro por Georgetown. Él sí que podría ser el Macron mexicano: tiene buenas relaciones con los distintos grupos del espectro político, independientemente de sus ideologías, es joven, carismático y cercano a las bases. No hay que perderlo de vista a partir de este 5 de junio. (EL ECONOMISTA)

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